Dime cómo piensas y te diré qué conseguirás

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“El pensamiento es la semilla de la acción” (Ralph Waldo Emerson)

Los resultados que consigues dependen de tus acciones. En función de cómo actúas, las cosas te van bien, mal o regular. No son tus intenciones, tus pensamientos o lo que dices que vas a hacer los factores que te dan el resultado. Son tus acciones. Si haces las cosas bien, resultados buenos. Si no lo haces tan bien, resultados malos. Hasta aquí estamos de acuerdo, ¿verdad?.

Sin embargo, lo cierto es que “cómo haces las cosas” depende casi siempre de cómo te encuentras en cada momento, de cuál es tu estado de ánimo. Hay días y momentos grises en los que tu nivel energético baja y “no estás para nada”. ¿Qué tal actúas en estos momentos?, ¿cómo haces las cosas que tienes que hacer?. Seguramente tu respuesta es “mal” o, al menos “no todo lo bien que a mí me gustaría”. Y claro, como no haces las cosas bien, tus resultados no son buenos. Por tanto, podríamos decir que, en cierta medida, tus resultados dependen también de cómo te sientes en cada momento.

Y damos un paso más hacia adentro. La forma en que te sientes cada día y en cada momento depende de cómo percibes la vida, el entorno, los acontecimientos. Depende de cómo piensas. Te pondré un ejemplo:

“En épocas de crisis como la que estamos viviendo, las cosas se ponen más difíciles en general para la actividad e venta. Los comerciales ven cómo el entorno cambia, la competencia aumenta y los potenciales clientes ponen más barreras que nunca hacia la compra.

Sin embargo, esta situación de cambio e incertidumbre es percibida de manera diferente por cada uno de los muchísimos vendedores que salen cada día al mercado. Hay algunos para los que la situación supone una amenaza constante, un verdadero drama. Esta percepción les hace sentir mal y les baja la energía. El desánimo y la motivación hacen acto de presencia. Al sentirse mal y no estar plenos de energía, no dan lo mejor de ellos mismos cuando hacen las cosas. No planifican, no se organizan, no muestran el entusiasmo necesario, no convencen. En definitiva, no hacen las cosas bien y al no hacer las cosas bien, los resultados que consiguen son malos.

Sin embargo, en el mismo entorno, hay comerciales que perciben la situación de una manera menos traumática. Son conscientes de las dificultades y de los cambios pero saben que son parte de las reglas del juego y, por tanto, no les afecta tanto. Al no afectarles tanto, no se sienten mal y, en consecuencia, actúan mejor cada día. No les ha bajado la energía y su estado de ánimo no se convierte en un enemigo. Sus acciones son mejores y los resultados que consiguen también”.

Está claro entonces que la forma en que percibes las cosas incide notablemente en tus resultados.

Uno de los secretos de una “mente ganadora” orientada hacia el éxito y los grandes resultados es controlar precisamente esta cadena: pensamientos, estados de ánimo y acciones. Los pensamientos condicionan los estados de ánimos y estos las acciones. A partir de las acciones se consiguen los resultados. Esta es una de las bases del Alto Rendimiento Profesional.

Para mejorar tus resultados de hoy, tienes que llegar a analizar tus pensamientos, la forma en la que percibes las cosas. Fíjate en cómo es tu estado de ánimo y hasta qué punto es tu forma de entender las situaciones lo que condiciona este ánimo. Fíjate en lo que te desanima y valora si podrías conseguir verlo de otra manera para que te haga menos daño. Relativiza los problemas. Cambia lo que no te convenza, trata de generar nuevas opciones, plantea otras posibilidades y te sentirás con más ánimo y energía. A partir de aquí actuarás mejor y tus resultados serán mejores.

La clave está en dominar a ese caballo salvaje que todos tenemos y que en ocasiones se desboca. Dominar a nuestra propia mente.

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