D. Emilio Botín: enseñanza para la continuidad empresarial

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Escribo este artículo en un momento marcado por el fallecimiento del que se cataloga como “mayor y mejor banquero de España”, D. Emilio Botín. Con su fallecimiento se abre un debate en torno al futuro del Banco Santander. ¿Cómo será?, ¿seguirá por la misma senda de crecimiento?, ¿qué pasará ahora que no está su máximo líder?.

Todas estas preguntas me llevan a reflexionar sobre una cuestión de máxima importancia en la vida de cualquier empresa u organización: cumplir con el objetivo de la continuidad a largo plazo. Bajo mi punto de vista, el Banco Santander seguirá su senda, agradeciendo a D. Emilio su dedicación y esfuerzo pero independientemente de su presencia. Y así debe ser porque, ¿qué pasaría si el futuro de miles de trabajadores y millones de clientes dependieran únicamente de una persona?.  Esto no sería, sin duda, un sólido planteamiento empresarial.

El Santander es una empresa familiar, como la mayoría de las empresas que conforman el tejido empresarial de todos los sectores en nuestro país. Sin duda, el peso de fundadores y presidentes es muy grande en este tipo de empresas. También en las menos personalistas. Sin embargo, para garantizar la continuidad de un negocio, es necesario que la organización, con su presidente a la cabeza, prepare el camino durante las etapas de estabilidad. Esto implica tres áreas de intervención “obligatoria”.

Atraer e integrar a un buen equipo de profesionales en todas las áreas de la organización. Especialmente los responsables de guiar a los diferentes departamentos han de ser cuidadosamente seleccionados. Estas personas son las que garantizan la continuidad del negocio en caso de que se vayan produciendo salidas de personas, no solo por posibles fallecimientos sino simplemente como consecuencia de movimientos de mercado.

Contar con las personas adecuadas en la organización implica definir muy bien los perfiles necesarios en cada momento, establecer los mecanismos de identificación de personas con estos perfiles y desarrollar rigurosos procesos de selección basados en parámetros objetivos.

Contribuir al desarrollo de las personas desde el momento de su entrada en la empresa. No basta con integrar a los mejores. Es necesario hacer cada día un equipo mejor. El equipo que garantizará la continuidad. Y un equipo mejor se consigue cuando se trabaja en el “sabes, puedes y quieres” de cada persona. Los empresarios y presidentes visionarios saben que la formación y el entrenamiento continuo son las claves para contar cada día con un equipo más solvente e invierten en ello.

Dotar de la autonomía necesaria para que las personas desplieguen su potencial. Esto es lo que se conoce en los nuevos libros de management como “empowerment”. Personas con potencial, bien formadas y entrenadas pero sin autonomía no aportan los máximos resultados. No garantizan que, si algún día falta la cabeza, el barco pueda llegar a buen puerto. Dotar de autonomía a las personas exige, en la mayor parte de los casos, un considerable esfuerzo para el líder máximo de la organización, puesto que tiene que aprender a “ceder parte de su poder absoluto” para otorgárselo a la organización en su conjunto. Al fin y al cabo, la empresa es un sistema y como tal ha de tener vida y personalidad propia.

El Banco Santander continuará a pesar de la ausencia del, hasta ahora, su máximo líder. Tiene un equipo de gestores altamente cualificado y con potencial, ha trabajado en su formación y entrenamiento y tienen capacidad y autoridad definida para gestionar. La empresa, por tanto, puede continuar.

Aplicar este ejemplo a cada una de nuestras organizaciones es, posiblemente, el plan más estratégico que podemos abordar. Ánimo y a por ello.

Descanse en Paz Emilio Botín.

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